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Margaret Mazzantini

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Margaret Mazzantini

Publicación : 30 de septiembre de 2017

 

Por Mª José Alés

Fotografía: Luis Rubio Barrio

 

 

Hija del escritor italiano Carlo Mazzantini y la pintora irlandesa Anne Donnelly, Margaret Mazzantini nació en Dublín. Pasó su infancia viajando con su familia por toda Europa y finalmente fijó su residencia en Roma. Durante años se dedicó a la interpretación teatral y trabajó como primera actriz en el Teatro Stabile de Génova.

En el año 1994 publicó su primera novela titulada El camino de zinc, galardonada con el Premio Selezione Campiello y el Premio Rapallo-Carige. Seguirían Manola (1999); No te muevas (2001), ganadora del Premio Strega 2002, el Premio Grinzane Cavour, el Premio Città di Bari y el Premio Zepter en París; La palabra más hermosa (2008), Premio Campiello 2009; Nadie se salva solo (2011); Mar de mañana (2011); y Esplendor, su último gran éxito. En la actualidad compagina la escritura con el trabajo como actriz de teatro, cine y televisión. En Opticks y por mediación de la editorial Seix Barral que ha publicado su novela Esplendor, hemos tenido el placer de entrevistarla.

 

En principio quiero decirle que agradezco de verdad que me permita, a través de esta entrevista para Opticks Magazine, manifestarle mi admiración y respeto. Creo que Ud. es una de las grandes escritoras de nuestro tiempo, además de por la forma que tiene de escribir, por la autenticidad que nos transmiten las historias que cuenta y porque sabe llegar de manera admirable a lo profundo de la mente humana.

Los personajes de sus novelas se buscan a sí mismos en circunstancias que siempre resultan complicadas. ¿En qué momentos y en qué circunstancias descubrió Ud. su identidad como escritora?

No sabría contestarle exactamente. Habría que pensar en qué significa ser escritor, un escritor de verdad. Para mí un escritor es simplemente alguien que posee la música, que sabe reconocer los sonidos del mundo y los sabe retener. Hablo también de los sonidos escondidos e inaudibles... pero que un día encuentran su propia música. Es necesario entrenar ese gran oído quemado que cada escritor posee. Yo era muy pequeña y ya escuchaba la música, pero no era capaz de tocarla. Nunca he sido buena en la escuela y cuando hice el examen para entrar a la Academia de Artes Dramáticas querían suspenderme porque mi examen escrito era muy malo, pocas líneas e infantil en los contenidos. Estaba bloqueada. Quizás tenía miedo al futuro que me esperaba... aquella gran ola estaba lista para arrollarme. Todavía hoy me cuesta mucho empezar un nuevo libro. Tengo miedo de morir, de no conseguir volver. En la vida soy una persona que no escribe ni una postal, no tengo ningún afecto hacia la escritura. Tengo que decir que mi padre era escritor, ha escrito durante cuarenta años el mismo libro antes de conseguir publicarlo. Le he visto sufrir mucho, creo que verle me impresionó y fue lo que hizo que luego yo intentara negar mi identidad de escritora. La revelación ha sido bastante sorprendente incluso para mí.

 

Pienso que un escritor demuestra en buena parte su valía si es capaz de fundirse con los protagonistas del relato que escribe, logrando que todos ellos resulten creíbles para el lector. Ud. ace esto en apariencia sin dificultad. ¿Cómo lo consigue?

Un escritor debe jugársela, hasta el final, rodar, perder, morir si es necesario. La literatura me ha enseñado a morir, no importarme nada de mí misma. He tirado muchos manuscritos antes de que nadie los leyera, lo he hecho a menudo. Llego al final y no estoy convencida. Me canso de mí misma con gran facilidad. Escribir es bueno porque ayuda a liberarse de uno mismo para dejar entrar también a los demás. Evocar, dejarse llenar, es la vida misma del escritor. No hay nada mejor que cuidar de alguien, un amigo, una amiga. Es la misma razón por la que los egoístas viven peor que las personas que cuidan a los demás, al final estás reventado, pero también estás satisfecho. Vaciarse para empezar de nuevo. Es necesario tener humildad, para cuidar de los personajes el escritor debe apartarse. Para mí incluso en algunos buenos libros, las peores partes siempre son las que dejan entrever al escritor. Es un trabajo profundo que requiere delicadeza, si eres suave no te costará abandonar tu caparazón y revestirte con la piel de otro ser humano respetando su identidad y conciencia hasta el final. 

 

Las historias que contienen las novelas que he leído de Ud. están contadas en primera persona por los principales personajes, lo que, a mi parecer, aumenta la intensidad de la narración y la cercanía con el personaje. ¿Existe algún otro motivo?

Utilizo a menudo la primera persona porque me pierdo fácilmente. La primera persona prevé un internamiento psíquico que no permite desviación. El ojo es sólo interno, no hay juicio de terceros, ninguna reflexión externa. Esta jaula es estrecha, a veces ahoga, pero también sensual.  

 

El viaje en busca de la propia identidad en Esplendor resulta particularmente doloroso y difícil. ¿Es quizá esta novela la que le ha resultado más complicada de escribir?

Cada uno de nosotros está viajando hacia su propia identidad, y lo haremos hasta el final de nuestros días. ¿Cuándo llegará el día de revelarnos a nosotros mismos? Es difícil establecerlo, la vida es un imprevisto tras otro y nosotros podemos cambiar constantemente y transformarnos en otros. Es un tópico muy interesante que nos implica a todos, nadie se puede considerar finito, todos estamos todavía viajando hacia nosotros mismos. Y además están los impedimentos sociales y las relaciones afectivas que muchas veces nos frenan. ¿Quién puede afirmar ser sí mismo hasta el final en su vida? En el libro el tema de la identidad sexual es central como descubrimiento aterrador pero vital, violento y necesario de estos chicos nacidos a principio de los sesenta en una Roma papal y oprimente.  Pero todavía hoy hay muchos chicos que temen su identidad sexual, la niegan negando a sí mismos la felicidad. Esto porque no es verdad que somos tan posmodernos, la psique todavía no está estable en el mundo líquido contemporáneo sino que sigue anclada en quimeras que cada uno se lleva dentro. He recibido muchas cartas de chicos que han llorado leyendo el libro y he entendido cuántas lágrimas retenidas siguen en las personas. La literatura ayuda a liberar estas lágrimas encerradas que construyen paredes interiores que nos alejan de nosotros mismos por el miedo a sufrir demasiado. Estas cartas bellísimas me acompañan. Porque al final de todo el escrito es solo como una vieja toalla sudada.

 

Las historias que cuenta en sus libros se visualizan sin dificultad. ¿Contribuye a ello su importante trabajo de actriz?

Yo escribo por los demás. Creo que los escritores escriben siempre pensando en alguien. Para uno mismo es suficiente con tener un diario… si escribes un libro es porque has decidido hablar y hacerte entender y porque esperas que la música entre en los oídos de los demás y provoque emociones. Si no, callas. El teatro me ha enseñado mucho. Sobre todo la perspectiva, cuando estás en el palco puedes mirar, puedes hacerte llevar por la dramaturgia desde perspectivas diferentes, bajo diferentes luces que aíslan, luces tan fuertes que dejan en evidencia cada detalle.  Además hay muchas pausas. Las pausas, los silencios, son la actuación verdadera. En las pausas puedes hasta mirar el público, aquella masa sin forma en la oscuridad. Yo he mirado mucho  al público, los maridos cansados después del trabajo, las esposas culturalmente más brillantes… he aprendido a ver cuando la comedia cansa, cuando es necesario un cambio de escena, una frase que corta como una cuchilla. Yo amo revivir las personas soñolientas de fatiga de vivir. Estamos todos muy cansados hoy, demasiado.

 

En todas las novelas que he leído de Ud. el amor ocupa el primer lugar, pero se trata de un amor especial y absoluto, muy alejado del que presentan las novelas rosas con finales felices. ¿Es esa clase de amor, homosexual en Esplendor, inalcanzable?

El amor es simplemente la vida misma. La vida es una larga historia de amor, algunas veces recta y sabia, mucho más a menudo fragmentada y desafortunada. Si escribes la vida, escribes el amor. Lo demás a mí no me importa, no soy una intelectual virtuosa, soy una simple artesana, sé utilizar el cincel para sacar de la madera la marioneta que habla, es quien busco. Un amigo con una voz dulce. Busco mi enamorado, aquel que me permitirá vivir un poco más en la ilusión del amor… que mi amor sirva todavía para algo, sirva todavía a alguien. Nuestra sociedad dominada por el dinero nos enseña cada día el distanciamiento emocional, la estrategia en las relaciones, siendo prueba de ello la existencia de personas lejanas encerradas en su fuerte impermeable. Mientras el mundo va por otro lado. Acabaremos por chocar los unos con los otros, tendremos que arrodillarnos delante de todos estos pobres que hemos transformado en hambrientos con nuestra avidez, tendremos que pedir perdón. Para mí la literatura es también una forma de pedir perdón a las personas que injustamente no han sido amadas cuanto lo merecían. Todos nos merecemos ser amados, pero muchos no lo han sido y muchos no están siendo amados ahora mismo. Lo primero que deseo y que quiero que un lector sepa cuando abre mi libro es el hecho de que yo le amo y que he hecho de todo por defenderlo. Quien ama a menudo pierde, pero solo quien ama dura. 

 

Junto al deseo de amor, en sus obras también existe un inmenso deseo de belleza, su forma de escribir es ya muy bella. ¿Cree que ese deseo de belleza ha perdido valor en un mundo en el que muchos medios de comunicación apuestan por lo vulgar y lo excéntrico?

Al final para mí el arte continúa siendo aquella expresión divina que el hombre puede percibir aquí en la tierra. Entre el hombre y la obra de arte se establece una conexión visceral, una comunión muy profunda. El hombre es literalmente alzado, aligerado y finalmente devuelto al centro de sí mismo, aturdido, quizás mejor. Esta es la verdadera belleza, esta posibilidad de alzarse mirando hacia abajo, la humilde materia humana, transformada en aceptable, incluso brillante... lustrada por un músico, refrescada como agua de un pozo por un poeta. De nuestro mundo qué decir que ya no sepan todos, la globalización ha modificado el gusto y retrogusto... el paladar se ha plastificado, la vulgaridad, bajo mi punto de vista, está hecha por esta plastilina que lo recubre todo, desde la presunción de poder llegar a todo, tocarlo todo, comerlo todo, cagarlo todo, viajar a cualquier lugar, fotografiarlo todo, dominar... en un mundo tan descarado es difícil reconocer todavía la belleza... la belleza no necesita pudor.

 

Para terminar, agradeciendo de nuevo su amable deferencia con Opticks Magazine, ¿trabaja ya en su próxima novela o tiene en mente algún otro proyecto?

Hace bastante que escribo un libro. La vida ha pasado por delante. Para las mujeres no siempre es fácil compaginar el día a día con el arte. Yo de todas formas amo las pausas y no me molesta pensar en que se hayan olvidado de mí. Es necesario tiempo para reconstruir el tejido conectivo. Este nuevo año espero reencontrar la virginidad y la fuerza necesaria para la literatura. Gracias a vosotros de Opticks.

 

 

Puedes ver la entrevista completa en el nº23 de Opticks Magazine

 

 

 

 

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