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Vivo en un bloque de estudios que comprenden una sola habitación con cocina americana y baño. Es muy difícil entablar relación con los vecinos, pues no hay más lugares comunes que los de tránsito, y además el edificio entero está pensado para su pronta extinción. Las paredes son una fina capa de yeso, y hay que tener cuidado a la hora de arrimar las sillas para no aparecer en la sobremesa del vecino. Una complicada estructura de metacrilato, según me han dicho, sostiene esta construcción aérea, a la que los vientos marinos balancean suavemente al ritmo de las olas. Me costó mucho acostumbrarme, como es natural. Vengo de un pueblo pequeño y siempre he vivido entre las paredes enormes y sólidas de una antigua casa. Los de la inmobiliaria me aseguraron que, a pesar de las apariencias, el edificio es seguro, y prueba de ello es que ya lleva tres años sin necesitar reparaciones.

Elvira Navarro

11/02/2013

El sistema de ventilación del edificio es altamente sofisticado: está formado por tubos de iridio que se bifurcan por las habitaciones y trepan, enlazados al metacrilato, como hiedras venenosas.

En el tejado, los tubos se exhiben al viento cual órganos de iglesia y resoplan con tristes sonidos de navíos. Una vez soñé con navegar por el mundo en un velero y aquel estudio era lo más parecido que hubiera podido imaginar.

Por uno de los tubos de ventilación me llegó un día la primera nota, escrita con el tono conciso de un telegrama:

"Estoy prisionera en una habitación de paredes blancas. Si quieres ayudarme, manda respuesta."

Luz María Bolado Sánchez

16/09/2013

Primero pensé que era uno de esos trucos de los publicistas modernos. Tú venga a darle vueltas a la frasecita y luego resulta que te quieren vender un coche.  La nota se habría colado en el sistema de ventilación por azar; seguro que  vino volando de alguna de las barcazas  que servían de restaurantes improvisados en verano. Así lo creí porque el papel estaba un poco húmedo por los bordes y porque pensar otra cosa me parecía estúpido. Bueno, ¿quién no se siente prisionero entre cuatro paredes? Es obvio. Pero, al día siguiente,  me llegó otra nota por el mismo conducto.  Decía así: “Búscame. Te necesito”. Y debajo, estampado en carmín, un beso con olor a chicle de fresa. Desconcertante.

María José Gil Benedicto

24/09/2013

Comparé esa nota con la primera, que todavía conservaba: estaba escrita con la misma letra redondilla. Sin duda procedía de una mujer, a quien imaginé joven y hermosa. Al igual de la anterior, carecía de firma; y no proporcionaba nuevas pistas sobre su paradero, lo cual no dejaba de resultar chocante.

Así pues, la única información de que disponía era que mi cautiva misteriosa se hallaba en una estancia de paredes blancas. Las paredes y techos de mi estudio están pintados, ya de origen, de ese color, y pensé que seguramente también lo estarían los de los otros veintitrés que integran el bloque.

Entonces me asaltó una terrible duda: ¿Y si me habían escogido como víctima de una broma cruel, probablemente planeada en grupo, que tenía como único objeto divertirse a costa mía?

Joaquín Valls Arnau

30/09/2013

Tal vez me están observando. Me observan cuando miro el  horizonte, que desde aquí parece algo desnivelado. Me observan palpar las paredes, para cerciorarme de que su tamaño no ha cambiado. Me observan perder la noción del tiempo. Días en que no sé muy bien si es la hora del desayuno o ya toca el almuerzo.

Mi padre decía que las casas grandes susurran cuando todo está en silencio, y que los lugares donde el viento huele a mar, es la soledad quien musita entre  cimientos.

Tal vez es ella quien me observa,  mientras escribe y sella su próxima nota, con un cuándo y dónde puedo encontrarla.

Yo sólo debo guiarme por el pálpito de las paredes.

Guiayara García González

07/10/2013

—¡No puede ser! Mis pensamientos son muy rocambolescos. Voy a moverme por el edificio para observar un poco a los vecinos y vecinas. Tal vez, quien escribiera la nota sea una vecina encarcelada, víctima de un hombre despiadado. ¡No!…— descarto este pensamiento, no me iba a enviar un beso pintado, antiguo emoticono artesanal.

Camino escaleras arriba, observando todas las puertas del edificio. En algunas se oye risas, en otras se escucha música: ópera, rap, para todos los gustos… La puerta del piso que está justo encima de mi vivienda no transmite nada, sólo silencio. Pensé en tocar. Por un momento dudé, pero finalmente me decidí.

Rosa María García Suárez

14/10/2013

Repiqué tres veces con el puño cerrado. Durante unos segundos el tiempo pareció detenerse y tan sólo el balanceo de la ciudad aérea me recordó que estaba despierto.

No sucedió nada. Miré hacia los lados para asegurarme una vez más de que no se trataba de una broma, pero no había nadie allí.

Justo cuando me disponía a volver a mi estancia para completar el informe semanal para el Comité Central de Convivencia, una nota se coló por debajo de la puerta.

Un frío escalofrío me recorrió todo el cuerpo y toda la humedad contenida en los pasillos quiso instalarse en cada uno de mis huesos. Con el poco aplomo que me quedaba cogí la nota. Decía "No puedo hablar. Nos escuchan. Debes conseguir un salvoconducto nivel 5"

Raúl Oliván

21/10/2013

¿Un salvoconducto nivel 5? ¿Qué podía ser aquello? Mi cerebro empezó a trabajar a pleno rendimiento, las neuronas iban de aquí para allá intentando encontrar algo en mis recuerdos. Buscaban en las conversaciones mantenidas en las reuniones de vecinos, buscaban en los susurros que se escuchaban tras las paredes, incluso buscaban en los incómodos silencios del ascensor… Pero nada, ninguna pista sobre cómo podía conseguirlo.

Volví a mi habitación completamente frustrado. Intenté despejarme haciendo el informe, después de todo era una tarea rutinaria que no requería apenas de esfuerzo mental. Me dispuse a descargar los datos de consumo de cada uno de los inquilinos del edificio cuando algo llamó mi atención: “Apartamento 3K -> H20 = 53, EMC = 21, SC5 = 1…”. ¿SC5? ¿Podría ser eso lo que ella necesitaba? Mi corazón ya aplaudía de la emoción.

Ainara Vegas

28/10/2013

Era maravilloso sentir algo más que el ligero vértigo que todavía me provocaba la oscilación del frágil edificio de metacrilato. Lo del SC5 era solo una suposición. Quise recapacitar un momento y abandoné el escritorio, invadido por funestas facturas. El sabor de la incertidumbre me recordaba al menos amargo del café, así que me dirigí a la cocina para prepararme uno bien cargado y sensualmente humeante.

–SC5… ¡Un salvoconducto! –susurré mientras perseguía con la mirada el hilillo de humo que subía lentamente hacia el techo.

El 3K, el estudio que pisaba el mío, era el único en cuyos datos figuraban aquellas siglas. Clavé los ojos en la lámpara que me iluminaba y fue entonces cuando escuché por primera vez un casi imperceptible ruido, así como si algo se arrastrara en el piso de arriba.

Quedé petrificado pero el maldito teléfono sonó y me derramé el café sobre la camisa.

Pilar Dueñas Caro

11/11/2013

Estaba quemado por fuera y estaba quemado por dentro. El ardiente café traspasaba mi camisa y lo único que se me ocurrió hacer fue pegar un grito de impotencia y de rabia al tiempo, agudizado porque el maldito teléfono seguía sonando y era preciso atenderlo.

Mientras pensaba en cómo resolver un problema que creía ajeno, intentaba vencer la incomodidad de la quemadura y buscaba un lugar en el que dejar la taza de café que aún conservaba en la mano, el teléfono dejó de sonar.

Justo cuando en el estudio de arriba esta vez el sonido resultó más intenso, como si hubiesen golpeado en el suelo con un gran paquete.

Ya me daba igual. Tenía que salir corriendo, subir y echar abajo la puerta para enterrar de una vez todas las dudas. Fuese lo que fuese, se iban a enterar de quién era yo.

Antonio Ortuño

19/11/2013

Impelido por el temor a que mi misteriosa dama pudiera estar verdaderamente en peligro, subí de dos en dos los escalones que me separaban del piso de arriba, lo más rápido que me permitieron mis torpes piernas.

Cuando llegué ante la puerta, dudé un instante. ¿Y si todo era producto de mi calenturienta imaginación?

Sin embargo sabía que había una mujer en peligro, al menos así lo decían sus notas. ¡Eso, al menos, no lo había imaginado!

Decidí llamar y esperar. Al cabo de unos minutos abrió la puerta un hombre de aspecto rudo, que me soltó en un tono brusco: "¿Qué quiere?"

En ese momento quise que me tragara la tierra. ¡Cómo iba a explicarle, sin que creyera que era un demente, que había recibido varias notas de una mujer, en las que afirmaba que estaba en peligro, y se hallaba secuestrada en su casa?

Gloria Arcos Lado

Fin